La ultima gota de té se posó en mis labios apenas desplazandose sobre el monton de azucar que habia quedado al final de la taza.
La bebida se habia acabado.
jueves, 26 de junio de 2008
lunes, 23 de junio de 2008
Amanecida
Un pestañear, dos. Realidad otra vez. La pantalla del PC con una programación a medio terminar, y muy por debajo, las ventanitas de MSN tintineando anaranjadas como único medio para poder ser vistas. Adormilado busca en su chaqueta los cigarros de siempre. Sus enrojecidos ojos intentan mantenerse abiertos bajo las sutiles líneas de humo que salen de sus labios, y a pesar de la alfombra de la habitación, sus pies yacen congelados en aquellos zapatos que apenas se asoman bajo las sombras de aquella fría noche.Se detiene a pensar un momento. Se rasca el cuello y luego arregla aquel gorrito de lana para cubrirse con él las orejas frías. Eran las 3 am y aun no concluía con aquel favor que no pudo negar. Sabía que era solo por esta noche… y que en un par de horas, ojala fueran menos, iba a estar en su cama perdiendo el conocimiento una vez más. Por que cuando dormía por lo general no soñaba, o al menos jamás había recordado con facilidad algún pasar por aquellas remotas tierras oníricas, y mucho menos de alguna historia que pudiera contar al resto como una anécdota más de un vivir común. No obstante tampoco le hacía falta algo semejante, o al menos así se convencía ya que por lo demás no había motivos para cuestionarse cosas con tan poca importancia.
Apagó el cigarrillo y volvió a mirar el reloj, la hora avanzaba y “peperina” resonaba en sus oídos hasta hacerlo cantar un par de estrofas que por inercia aprendió un día de esos que ya ni se sienten.
Probablemente terminó de leer esto, no este mismo día, si no que a lo menos una semana y más de lo contado en estas líneas, y se cuestionó a si mismo, sin importar el tiempo transcurrido, las razones que tendría esa chiquilla, la de ojos gigantes y trabajos interminables, o sea yo, para escribir cosas tan banales y poco realistas de alguien… como él mismo.
Apagó el cigarrillo y volvió a mirar el reloj, la hora avanzaba y “peperina” resonaba en sus oídos hasta hacerlo cantar un par de estrofas que por inercia aprendió un día de esos que ya ni se sienten.
Probablemente terminó de leer esto, no este mismo día, si no que a lo menos una semana y más de lo contado en estas líneas, y se cuestionó a si mismo, sin importar el tiempo transcurrido, las razones que tendría esa chiquilla, la de ojos gigantes y trabajos interminables, o sea yo, para escribir cosas tan banales y poco realistas de alguien… como él mismo.
viernes, 20 de junio de 2008
lunes, 16 de junio de 2008
Se caen las piedras
Me muerdo los labios.
Quiero decir tantas cosas, pero me muerdo los labios.
Me muerdo los labios como ultimo escape antes de dejarme llevar por aquellos impulsos que me corrompen.
Por que observo esta realidad y cada vez me gusta menos, y ni en sueños puedo estar feliz.
Quiero decir tantas cosas, pero me muerdo los labios.
Me muerdo los labios como ultimo escape antes de dejarme llevar por aquellos impulsos que me corrompen.
Por que observo esta realidad y cada vez me gusta menos, y ni en sueños puedo estar feliz.
lunes, 9 de junio de 2008
Por mi silencio.
El reloj marca una hora indeterminada.
La ventana muestra una escena indeterminada.
Esta canción posee compases indeterminados.
La ventana muestra una escena indeterminada.
Esta canción posee compases indeterminados.
domingo, 8 de junio de 2008
Tun
jueves, 5 de junio de 2008
Y solo existian las flores.
Un galleta rellena para pasar la fatiga momentanea de un no saber que hacer.
Naranjas para los que las desean y no pueden comerlas.
Zapatos para aquellos que pisan las filosas piedras de la incertidumbre.
Era una noche de narices frias y cuerpos tibios, donde las conversaciones se omitian por otras mas importantes..., donde se pestañaba doblemente bajo las gotas de Andaluz y las aguas de Olimpo.
Allí aquellos brazos se entrelazaran.
Allí dirá: "Que bacan poder abrazarte"
Naranjas para los que las desean y no pueden comerlas.
Zapatos para aquellos que pisan las filosas piedras de la incertidumbre.
Era una noche de narices frias y cuerpos tibios, donde las conversaciones se omitian por otras mas importantes..., donde se pestañaba doblemente bajo las gotas de Andaluz y las aguas de Olimpo.
Allí aquellos brazos se entrelazaran.
Allí dirá: "Que bacan poder abrazarte"
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