En teoría mi madre no era mi madre.
Despues de esa confesión no me quedaba mucho que afirmar, solo preguntas... sueltas, a la vida.
Me decían que ella había muerto hace mucho tiempo. Yo solo tenía al frente unas cinco fotografías en blanco y negro que denotaban el aspecto lúgubre de una mujer hermosa que, según contaban, se había dejado morir por algo que hasta hoy no tenía explicación.
Nunca entendí en que momento había nacido yo. Mariana, como se llamaba la mujer de las fotografías, había sido una gran mujer. A mi padre se le desvanecía la voz al entonar su nombre. Mariana. Mariana tu madre.
Yo le decía que solo conocía a una madre, y que había nacido de su vientre.
Mentiras. Para él solo se habían hablado mentiras. Cuando mencioné a mi madre él la insultó, por que nadie podía compararse a Mariana, menos la mujer que había ocupado su lugar y por la cual no podía pensar en Mariana como alguien real.
Por que en definitiva Mariana no era real.
Mariana solo era un sueño.
(fragmento)
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