Mientras caminábamos me dejé llevar por el constante deseo de verlo aparecer. Cuando cruzamos la calle anterior a la tienda me decías que no querias pasar por en frente y que porfavor nos fueramos por otra calle, pero yo no presté atención. Lo unico que tenía en la cabeza era seguir caminando hasta escuchar mi nombre a lo lejos, voltearme y saludarlo. Claro, nada de eso sucedió, y muy en mi interior sabía que tampoco pasaría. No obstante cruzamos por la vereda del frente mirando el suelo, hablando muy por lo bajo y siendo reiterativas en cosas que habiamos conversado hace más de una hora.
No pasó nada.
Nadie salió a botar basura, ni a limpiar mesas, o algo parecido.
Todo resultó como nos convenía, aunque no se si es lo que en verdad queríamos. Al menos por mi parte.
Lo más extraño fue que seguimos en esa calle, pero a dos cuadras. Nos sentamos frente a ese gran edificio blanco hablando de lo mismo. De ellos. De ese día.
Un cigarrito, dos... luego cambiamos de tema.
Pero continuamos sentadas donde mismo. Esperando quizas que cosa en medio de esa soledad que solo a nosotras parecia cautivarnos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario